LARA ARRUABARRENA ANUNCIA SU RETIRADA EN EUROSPORT: "ME VOY EN PAZ CONMIGO MISMA"

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La tenista de Tolosa, ex Nº52 del mundo y campeona de dos títulos WTA, anuncia su retirada del tenis profesional en esta entrevista exclusiva con Eurosport. “Empecé a ver que ya no era feliz con lo que hacía, que ya no me llenaba, pero me voy en paz conmigo misma”, confiesa la española.

3025457 62064868 2560 1440Lara Arruabarrena, durante el torneo de Bogotá en 2019 - Fuente de la imagen: Getty Images

Después de 15 años como profesional, 24 Grand Slams disputados y más de 350 victorias oficiales, Lara Arruabarrena (San Sebastián, 1992) ha llegado al punto donde prolongar el viaje ya no merece la pena. En enero disputó su último partido, en marzo sopló las velas (30) y en agosto se ha armado de valor para hacer público lo que venía pensando desde hace mucho tiempo. Lo deja, se retira, se despide del deporte que se lo ha dado todo. La española cuelga la raqueta tras haber perdido la ilusión, hecho que también le ha llevado a ir dando pasos hacia atrás en el ranking. El último paso, el más difícil de todos, lo da en exclusiva en Eurosport.

Llegó el día, Lara.
Llegó el día. No ha sido de un día para otro, ha pasado mucho tiempo desde que lo me planteé por primera vez, pero he seguido jugando hasta que llega un momento que dices: ya está. En mi caso me voy en paz, he sido muy feliz con lo que he hecho, me voy tranquila.
Mucho tiempo, ¿cuánto es?
Llevaba unos años donde sentía que ya no disfrutaba tanto, ahí es cuando el día a día se vuelve más duro. El tenis es un deporte donde tienes que estar constantemente viajando, semanas fuera de casa, además de ser muy solitario. De repente, esas cosas cosas que siempre habían merecido la pena y que nunca las cambiarías por nada, ya no te llenan tanto. Por ponerte un ejemplo, me encantaría pasar una Nochevieja en casa, algo que estuve sin hacer durante 14 años.
¿Y a la hora de competir?
Compitiendo ya no disfrutaba, justamente lo que más me ha gustado siempre. Me apasionaba competir, pero llegó un día donde no ya no lo pasaba bien, no quería competir, hasta el punto de no querer entrar en pista. Me daba la sensación de que iba a hacer el ridículo.
¿Y entrenar?
Los entrenamientos nunca han sido santo de mi devoción, es algo que haces porque tienes la ilusión de mejorar y así luego competir mejor. Normalmente entrenaba para competir, pero si ya no disfrutaba de la competición… del entrenamiento disfrutaba todavía menos.
¿En qué momento empieza este cambio de mentalidad?
Hubo una época donde me movía entre la #70 y la #90 del mundo, pero yo sentía que podía estar más arriba. Hubo un momento donde hice una apuesta más fuerte, me centré 24/7 en el tenis, me puse seria en todos los aspectos, incluida la nutrición y la presencia de un psicólogo. ¿Qué conseguí? Pasé de ser una persona que relativizaba mucho las cosas, a una persona que estaba todo el día pensando en cómo mejorar. Las derrotas me afectaban más que nunca, me frustraba dedicarle tantas horas y no ver resultados. Eso me creó un desgaste mental donde, si todo no me salía como yo quería, me generaba mucha ansiedad.
Te salió mal la apuesta.
Es que yo en un 4-4 de un tercer set disfrutaba, rezaba para que nunca se acabase. De repente, con 2-1 en el primer set, lo que quería era irme de la cancha, tenía ganas de llorar, hubo ocasiones donde me iba al fondo de la pista porque me daban arcadas. No disfrutaba nada, ahí el tenis pasó de ser un deporte en el que me lo pasaba muy bien a ser un trabajo. Empecé a jugar por dinero. Alguna semana recuperaba parte de esa antigua felicidad, pero eran solo momentos puntuales. Ahí es cuando empecé a ver que no me merecía la pena seguir, no era feliz, pero claro… ¿cómo me iba a retirar siendo la #80 del mundo? Así lo he ido estirando, viendo cómo me iba bajando el rendimiento, entrenando cada vez peor y sin la misma ilusión.
‘Empecé a jugar por dinero’, esta frase igual no la entiendes todos.
En mi carrera jamás me había fijado en lo económico porque me encantaba lo que hacía, tenía la suerte que se me daba bien y me ganaba la vida con eso. En el momento en el que dejo de disfrutar, el principal motivo para no dejarlo era la necesidad económica. Fue muy duro porque no me apetecía nada competir, pero es mi trabajo, es con lo que me gano la vida, como cualquier trabajo de cualquier otra persona.
En enero, cuando jugabas contra Cocciaretto en la Qualy del Open de Australia, ¿pensabas que podría ser tu último partido?
En mi cabeza tenía claro que el final estaba cerca. No sabía si sería ese exactamente, pero sí contaba con ello. En mis planes estaba despedirme en la fase previa del próximo US Open con ranking protegido, pero la fase previa arranca en diez días y estoy 20 puestos fuera, ya es imposible.
Ha cerrado más duro de lo que esperaba, así que no jugaré. Sabía que podía pasar, ya contemplaba la posibilidad de no poder despedirme en pista, así que el de Australia será mi último partido.
Con todo esto sobre la mesa, ¿qué balance haces de tu carrera?
[…] En el momento en el que estás jugando, siempre piensas que las cosas pueden ir mejor. Por ejemplo, de ranking llegué a ser la #52 del mundo, yo creo que lo podría haber mejorado, pero no pasó. La espinita la tengo clavada en los Grand Slam, donde nunca pude pasar de segunda ronda (0-9) y creo que tuve algunas opciones. Ahora que llevo mucho sin competir y lo pienso fríamente, veo lo realmente apretado que está todo, haber estado en ese ranking y en esos torneos tantos años… seguro que muchas personas lo hubiera firmado. Pero mientras juegas siempre quieres más.
¿Dónde veías tu techo?
Me hubiera gustado tocar el top30. Con las armas y el potencial que yo tenía creo que hubiera sido un objetivo factible, más allá del top30 ya no, ahí ya solo llegan las que son muy buenas.
¿Qué te faltó para conseguirlo?
Me sobró ser tan irregular. En la mayoría de mis temporadas, los puntos que consigo se reparten en unos pocos torneos. Igual hacía tres primeras rondas, luego una segunda, después unas semifinales y después otras dos primeras. Nunca tuve esa regularidad necesaria para llegar al grupo de las 30 mejores.
Ganaste dos títulos WTA, los mismos que Carla Suárez.
¡Pero no se pueden comparar! Vamos, yo cambiaba su carrera por la mía (risas). Seguramente esos dos títulos no le hagan justicia a Carla, además ella siempre disputó los mejores torneos, no como yo.
En Bogotá te transformabas, allí jugaste tres finales.
De hecho, Bogotá ha sido un torneo que me ha salvado un par de veces de la retirada, lo reconozco. Era llegar allí y no sé lo que pasaba pero todo salía bien. De hecho, el último año que lo jugué no me llegaron las raquetas y tuve que utilizar las de otra jugadora. Gané dos partidos por doble 6-0 con dos raquetas diferentes, así que algo tiene Colombia que me sentaba fenomenal.
El segundo cayó en Seúl, pista dura.
Es curioso porque en ambos títulos tuve que salvar un match point en contra durante la semana: en Bogotá en primera ronda y en Seúl en segunda. Son cosas que se dan, a ese torneo llegué jugando fatal, empecé jugando fatal, pero fui cogiendo confianza y termine jugando súper bien, ganando el torneo.
¿Guardas buen recuerdo de tus entrenadores?
Cada uno me ha aportado una cosa diferente, según el momento de mi carrera. De cada entrenador que he tenido me llevo un cachito, así que prefiero no mencionar a ninguno pero darle las gracias a todos.
¿Has hecho muchos sacrificios en tu carrera?
Ese es el tema, que para mí el tenis nunca supuso un sacrificio, lo hacía todo encantada. Si me tenía que ir a pasar la Nochevieja en Auckland, pues me iba feliz porque sabía que iba a competir. En el momento que esas situaciones te empiezan a pesar, empiezas a verlo como un sacrificio. Pero no te diría que me he perdido muchas cosas, al revés, la vida que he tenido me ha permitido vivir muchas experiencias que la mayoría de personas no ha tenido, así que en ese aspecto me siento una afortunada.
Te fuiste con 15 años a Barcelona, ¿ese momento tampoco fue duro?
¡Me fui encantada! Mi madre decía: ‘La acabo de soltar y no se gira ni para despedirse’.
¿Qué cambiarías de todo el camino?
Haber vivido todas estas experiencias me ha llevado a aprender muchas cosas. Considero que he tenido una carrera bastante buena, así que las cosas que han pasado llegaron porque tenían que pasar. Pero sí, cambiaría mil cosas, aunque todo lo vivido me ha llevado a ser quien soy. Una mezcla de las dos opciones (risas).
¿Has sido feliz?
Mucho. En cuanto he sentido que ya no era feliz es cuando me he empezado a plantear todo, si de verdad merecía la pena seguir haciendo este esfuerzo. Siempre antepongo mi felicidad a cualquier otra cosa, he disfrutado muchísimo del tenis y estoy agradecida por todo lo que me ha dado, pero ha llegado un punto donde ya no me llenaba lo suficiente.
Te voy a pedir que rescates dos momentos especiales.
[…] Me quedo con la primera vez que jugué la Qualy de Roland Garros (2012), que vinieron mis padres y mi entrenador de aquí en San Sebastián. Solo era la fase previa, ¡pero era Roland Garros!
Otro momento fue la primera vez que pasé la Qualy del US Open (2012), ahí me consideraba una jugadora muy terrícola y pensaba que en pista rápida no sería capaz de hacer nada, así que pasar aquella fase previa me demostró muchas cosas. No soy mucho de llorar, pero aquel día al llegar a mi habitación no podía parar, estaba muy emocionada.
Pensé que me dirías algún título o alguna final.
¿Sabes qué pasa? Ese primer título en Bogotá (2012) me llegó muy pronto, tenía 19 años y llegaba de jugar ITF, así que lo vi como si fuera algo normal, no era consciente del todo. Luego el de Seúl (2016) lo valoré un poco más, cuatro años más tarde ya sabía que un título WTA no se gana todos los días.
¿Y un mal recuerdo?
En el mismo 2012, cuando perdí en tercera ronda de la Qualy en Wimbledon. Jugaba contra CoCo Vandeweghe, un partido que esperaba perder fácil, pero me puse 5-4 y 30-0 arriba en el tercer set, sacando yo. Perder aquel partido fue durísimo, quedarme tan cerca de disputar Wimbledon por primera vez me dolió en el alma. Por suerte, años después pude jugar muchas veces el cuadro final. Fue un momento malo, pero es un recuerdo que guardo muy adentro.
¿Llegaste a tener dudas de llegar a profesional?
Mi mayor duda al principio era si podría hacer grandes cosas fuera de la tierra batida, así que cada vez que conseguía algunas victorias me demostraba que sí podía. Cuando fui a Barcelona con 15 años tenía una mentalidad de disfrutar, me encantaba el tenis y quería intentarlo, pero no sabía si iba a llegar. Era consciente de que éramos muchas las jugadoras que lo intentaban pero muy pocas las que llegaban. No sé, nunca me fui a la cama soñando con ser profesional, fue algo que simplemente surgió.
¿Cómo te gustaría ser recordada?
Como una buena persona. Al final, aquí hay muchísima gente que es realmente buena, pero hay pequeños gestos que una ve durante los partidos que no están bien, detalles que te hacen ver cómo son realmente las personas. El tenis es un deporte muy solitario, muy egoísta, cada uno mira por sí mismo, pero yo siempre he intentado ayudar a la gente, ser agradable. Me gustaría que me recordasen como una jugadora luchadora y una buena persona.
También eres de las más bromistas, no pasa nada por decirlo.
Eso habría que preguntárselo a las demás (risas). Pero bueno, como en cualquier otro trabajo, hay gente con la que te llevas mejor, unos que son más bromistas, otros que son más serios, etc. Aquí es lo mismo pero en un circuito de tenis… con la diferencia de que si luego te toca enfrentarse a alguien, sales a matar dentro de la pista.
Un título que también te llevas es el de jugadora con el apellido más difícil de pronunciar, sobre todo en el extranjero.
Una vez en Rusia, jugando un sub14, estaba jugando en pista y, justo después de ganar un juego, dice el juez de silla: ‘Game Arrea’. Yo juraría que el juego lo había ganado yo, pero no dije nada. Estuvo todo el partido diciendo ‘Game Arrea’, hasta que acabó el partido y fui a preguntarle. Cuando me acerqué vi que tenía escrito ‘Arroba Arrea’. Arroba de nombre y Arrea de apellido. Nada, me han llamado de todo (risas).
¿Y ahora qué?
Unos meses de desconexión, ahora estoy de vacaciones en San Sebastián.Seguiré vinculada al mundo del deporte, me gusta mucho seguir el circuito y los resultados.
¿Entrenadora?
No lo sé, nunca digas nunca. Si mañana me llaman para entrenar a alguien, la respuesta es no (risas). ¿En el futuro? Nunca se sabe, muchas veces haces unos planes y luego salen otros. No cierro la puerta a nada, alguna vez dije que no haría algo y terminé haciéndolo.
Eso es que ya tienes algo entre manos…
Algo hay, sí. Quiero darle una oportunidad al pádel, voy a intentar convertirme en jugadora profesional. Es algo que lleva dentro de mi cabeza desde hace tiempo, un reto personal que me motiva bastante, así que quiero dar un paso más en esta aventura. En septiembre, cuando vuelva a Barcelona, empezaré a entrenar al máximo y a buscar una pareja.
 
POR
FERNANDO MURCIEGO
ACTUALIZADO 12/08/2022 A LAS 19:55 GMT+2
 

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